martes, 3 de mayo de 2016

Nota sobre la concepción del espacio en la Roma antigua

La palabra espacio viene del latín spatium.
Sin embargo, spatium no se traduce por espacio sino por... tiempo.
¿Cómo es posible?
Spatium designa un área de juego; en concreto, un circo: un lugar acotado donde tienen lugar carreras de caballos. Spatium, así, denomina un "espacio" donde tienen "lugar" toda clase de movimientos. La palabra latina deriva de una raíz que también se halla en el verbo griego spaô y que se traduce por lanzar la jabalina.
Esta asociación del spatium con el movimiento lleva a que, por un lado, spatium se refiera también  a un área de paseo y, por otro, a la distancia recorrida.
Por lo que spatium también aluda al tiempo transcurrido durante un cierto movimiento, ya sea una carrera o una caminata.
Desde luego, la noción de espacio no es independiente de las acciones, de los desplazamientos que tienen lugar en él y a los que invita. Estos movimientos son comunitarios. El spatium es, así, un lugar de encuentro, y también el lugar donde se produce un acontecimiento, en el que una comunidad participa, en que que ésta se muestra. El espacio no se concibe en abstracto. Es una "arena", un área de juego, un espacio escénico, donde acontecen acciones que unen a miembros de una comunidad.  El espacio es el lugar del espectáculo, donde se acude a mostrarse y a ver. Sin spatium no existe la colectividad, ya que ésta necesita de un "espacio" donde escenificar y resolver problemas y tensiones. El espacio está íntimamente ligado a la vida de los humanos o, mejor dicho, de los ciudadanos, de los seres que aceptan vivir conjuntamente. Spatium se puede traducir por jardín; también por descanso, respiro, tregua. Designa pues un área dónde se descansa, se medita y se dialoga. El spatium es un lugar de retiro y designa también los beneficios que allí se obtienen: un alto en el camino. por lo que el término latino se refiere tanto al movimiento como a la parada, necesaria antes de reemprender la ruta. Se trata del lugar donde uno se toma su tiempo. Cada uno, pues, posee su propio "espacio" vital: tal sería la verdadera traducción del término latino.

lunes, 2 de mayo de 2016

La concepción del espacio en la Grecia antigua, II: el retorno a la Madre

Tras Platón, Aristóteles también reflexionó sobre el espacio. El libro cuarto de la Física está dedicado a esta categoría, y cita varias veces el Timeo platónico, fuente básica para un conocimiento sobre la imagen del espacio en la Grecia antigua.
Si Aristóteles emplea, al menos un vez, el mismo término que Platón (chôra) par designar lo que hoy traducimos por espacio, recurre más bien a la palabra topos, que significa tanto lugar propio como, a través del latín spatium -que deberemos mencionar qué significa en verdad en una próxima "entrada"-, espacio genérico.
Aristóteles parece estar de acuerdo con la concepción platónica de espacio, lo que algunos estudiosos corroboran. Aristóteles, en efecto, recurre a una imagen mítica del espacio (208b). Al igual que para Platón, el espacio -que llama topos- es la diosa primordial Chaos, descrita por Hesiodo en los primeros versos del largo poema cosmogónico Teogonía. Toda vez que Chaos significa herida o apertura, y se refiere a la materia o diosa primordial que se abre para alumbrar a los primeros dioses, Chaos es semejante a las diosas madre acuáticas orientales, a las que Platón posiblemente aludiera cuando comparaba el espacio a una gran matriz.
Pero, una vez establecido este parecido, la concepción de Aristóteles se desmarca de la Platón: es inversa. Así, para Platón, el espacio era el generador de los seres: los alumbraba. El espacio era como una gran matriz, una cuna o una casa en la que los seres nacían y vivían. El espacio era lo que permitía que los seres vivieran: este espacio no era genérico o propio, sino personal.
Para Aristóteles también existía el espacio personal. Pero éste no estaba en el origen de los seres sino que constituía el lugar al que se retornaba. así, las cosas tendían, en función de su naturaleza aérea, acuática, ignea o terrosa, hacia lo alto o la bajo, la diestra o la siniestra del espacio concebido como una gran matriz. El espacio no se daba, sino que se conquistaba. Los seres vivientes debían ganarse su propio lugar. Tendían siempre hacia un lugar afín; éste era casi un sueño, No se alcanzaba nunca pero no se dejaba de aspirar a él. Los seres no permanecían en el espacio, sino que se desplazaban hacia él. El lugar propio, el lugar dónde morar, donde estar para siempre, estaba lejos pero toda la vida tendía, aspiraba a este Eldorado.
Del mismo modo que el paraíso cristiano no estaba en los inicios del tiempo y de los seres sino que era un sueño al que e llegaba tras una vida -lugar de reposo eterno-, el espacio aristotélico, concebido, como Platón, como el lugar de la vida verdadera, se alcanzaba, o se vislumbra, tras una búsqueda incesante, una vida plena. El lugar llamaba a los seres aunque no se imponía en modo alguno. No era un espacio coercitivo sino liberador. el espacio donde descansar al fin.
 

domingo, 1 de mayo de 2016

MORELAND & ARBUCKLE: RED BRICKS (2013)



Versión en directo de una canción mucho más corta en el disco 7Cities

MORELAND, ARBUKLE & FLOYD: LONG WAY HOME (2016)



Véase la página web de este grupo.

BENJAMIN BIOLAY (1973): PALERMO HOLLYWOOD (2016)

JOAN BOSCH AGUSTÍ (1936): CASAS BLANCAS (MONTBAU, BARCELONA, 1963-1968)












































Fotos: Tocho, Mayo de 2016

No lejos de la ermita románica (s. X) de Sant Genis dels Agudells, por encima del polígono de Montbau, edificado en los años cincuenta, en la parte alta de la ciudad, adosado a las laderas de la sierra de Collcerola, se agazapa el conjunto de viviendas unifamiliares llamado Casas Blancas.

Inicialmente una cooperativa -Cooperativa Barcelonesa- cuyas viviendas pertenecen hoy a los ocupantes,  fue proyectada y edificada por el arquitecto Bosch Agustí -uno de los arquitectos del polígono, del que este conjunto, posterior, forma y no forma parte-, entre 1963 y 1968. Se distingue del conjunto de grandes bloques rectilíneos y espacios vacíos -que trataban de ser amplias plazas- por una disposición aferrada a la pronunciada ladera, como si fuera un único edificio tentacular.

Las casas, blancas, con una planta en T, de dos pisos, están separadas por empinadas y estrechas escaleras, y atravesadas por callejuelas interiores que discurren por debajo de las plantas superiores. Los espacios exteriores al aire libre y semi-cubiertos comprenden también pequeños patios interiores ajardinados a los que miran la parte posterior de las casas. La diferencia entre el espacio privado y el público se diluye. Los patios de las casas son públicos aunque estén rodeados por las viviendas, y los accesos exteriores que cruzan por debajo de las plantas superiores ya forman casi parte de las casas. El espacio protector consiste tanto en las viviendas como los espacios públicos. El conjunto se asemeja a una roca blanca, casi un acantilado -o una esfinge-, en la que se hubieran excavado patios y zanjas.
Casas Blancas, correctamente preservado, pese a algunos añadidos privados pintorescos, constituye posiblemente uno de los mejores conjuntos de viviendas de Barcelona, por encima de la ciudad, aunque sin imponerse. El dificultoso acceso a través de escaleras entre las rocas contribuye a la impresión de paraíso perdido y quizá irreal, muy lejos de la ciudad aunque forme parte de ella, del conjunto.

Nota: El arquitecto e historiador Xavier Monteys es quien más ha estudiado este conjunto.

sábado, 30 de abril de 2016

La ciudad y el agua: El Rec Comtal de Barcelona (ss. II-XXI)












Rec Comtal (ss. XIX-XX)




Carles Enrich (1981): Propuesta del trazado del Rec Comtal por Barcelona, hoy cubierto por acwras y calzadas.

















Fotos: Montserrat Domínguez, Judit Gabriel & Tocho, abril de 2016

El Rec Comtal fue, desde la Alta Media hasta mediados del siglo XX, el canal que aportaba agua potable desde Montcada hasta el centro de Barcelona. El trazado utilizaba o seguía el acueducto romano -algunos de cuyos pocos tramos se conservan tanto en la periferia como en el centro de la ciudad-, con la salvedad que éste aportaba agua para los habitantes de la ciudad de Barcino (la Barcelona romana), mientras que las aguas del Rec Comtal, salvo en períodos de sequía, se utilizaban sobre todo para regadíos, gracias a acequias perpendiculares al canal central. Su perfil, apoyado en un muro vertical que contenía las tierras por un lado, y un talud por otro, abierto en numerosos puntos por las acequias, permitió que el Rec Comtal -el nombre procede de los Condes de Barcelona que desde el siglo XII reinaban en la ciudad- estuviera perfectamente en uso durante mil años.
El nombre de varias calles y callejuelas de Barcelona, que siguen el trazado cubierto del canal, recuerdan la presencia y la función de éste, cuyas aguas también alimentaban molinos, lavaderos públicos, talleres de curtidores, y fábricas textiles ya en el siglo XIX.

Los arquitectos municipales Montserrat Domínguez y Aureli Santos, junto con el arquitecto Carles Enrich (tres de los mejores arquitectos españoles), promueven desde 2014 la restauración de esta arteria de la que dependió la vida de la ciudad de Barcelona durante dos milenios, lo que incluye el levantamiento de calles poco transitadas, y la recuperación no solo del trazado sino de la presencia efectiva del canal por el barrio de Sant Andreu principalmente.
En la población de Montcada y en el barrio barcelonés de Vallbona la recuperación ha sido tan efectiva que el baño, sobre todo infantil -común en los siglos XIX y principios del XX-, vuelve a estar autorizado.
El deseo del actual gobierno municipal de mejorar barrios periféricos, cruzados por toda clase de nudos de comunicación y pasos elevados grises, debería permitir que el proyecto pudiera seguir llevándose a cabo.

Agradecimientos a estos tres arquitectos por la excepcional y generosa visita, explicaciones y documentación.
Los errores del texto son solo imputables a este blog.