domingo, 31 de agosto de 2014

Maqueta de arquitectura pre-sumeria (período de El-Obeid, 5000-4500 aC) (Fundamentals, 14º Bienal de Arquitectura, Venecia, 2014)










Maqueta de choza, El Obeid (Sur de Mesopotamia), 5000-4500 aC
Londres, Museo Británico
Foto: Tocho, Bienal de arquitectura, Venecia, agosto de 2014

Entre el despliegue del muestrario de marcos de ventana, puertas, manecillas, escaleras, rampas, suelos, techos, fachadas, chimeneas, etc, que constituye el núcleo de la Bienal de Arquitectura de Venecia, concebido por Rem Koolhass -para quien la arquitectura resultaría de la suma de elementos espaciales (pasillos) y constructivos "fundamentales" (techos, suelos, paredes, etc.), de los que, como en una feria de construcción, expone todo tipo de modelos antiguos y modernos, y de diversas culturas (los habitantes no aparecen en esta bienal)-, una única y preciosa pieza justifica casi la visita: una pequeña maqueta de terracota pintada, fragmentada, muy poco conocida (el Museo Británico no la expone) de hace siete mil años, procedente del sur de Mesopotamia (cultura de El Obeid, anterior a la escritura), de una casa o choza con un tejado a dos aguas -insólito en un clima tan cálido, lo que plantea interrogantes sobre el imainario arquitectónico-, una de las primeras maquetas de la historia, que revela lo que no denota la exposición de Koolhaas: la importancia, el aprecio del hogar. Se trata, posiblemente, de una ofrenda votiva o parte de un ajuar funerario.
Entre el despliegue de tantos suelos que reaccionan a nuestros pasos, emitiendo sonidos, juegos de luces y fachadas de plástico movibles, esta maqueta, que cabe en la palma de la mano, muestra lo que la arquitectura es: un contenedor de vida, concebido como un sagrario.

sábado, 23 de agosto de 2014

POLOCK: FREAK CITY (RISING UP, 2014)

JENNY LEWIS & ADHAN AL SAYEH (1955): ANTHEM FOR GILGAMESH (CANTO A GILGAMESH, 2014)



 Enviado por Nissan Janairi desde Bagdad

GERHARD PLANCK: CASA-ESTUDIO OSKAR ZÜGEL (TOSSA DE MAR, 1934)




















No es la casa más hermosa construida en los años treinta, los muebles -salvo un excepcional conjunto de cajones y estantes dispuestos horizontalmente justo debajo del ventanal del estudio por el que la luz del norte, adecuada para pintar, se infiltra- son anodinos, y  no se trata ni de un arquitecto cuyo nombre sea recordado (quizá el arquitecto judío alemán Gerhard Planck, alumno de la Bauhaus, autor de la notable iglesia de Gustavo Adolfo, en Frankfurt, en 1926, emigrado en los años treinta a Tossa de Mar), ni de un pintor moderno de primera fila, pero la casa-estudio de Oskar Zügel, todo y estando aplastada por la masa vulgar de un hotel de la costa, y pese a estar cerrada al público y no aparecer en ninguna guía, conserva un interior, tal como lo dejó el pintor a su muerte, que, en palabras del arquitecto Gonzalo Alcazar, tiene alma. No es un castillo encantado, en el que la vida se hubiera congelado a la espera de ser despertada, ni de una casa en la que, tras la apresurada huida de los habitantes, hubieran quedado muebles y enseres tal como se hallaba cuando se vivía en ella, sino más bien de una tumba, con el ajuar funerario, compuesto por todos los útiles del difunto, conservado, por la que se percibe un inesperado hálito, en el que el retraído visitante, que se desplaza lentamente, como si no quisiera dejar huella, pese al decaído cuidado, a la tristeza de los muebles, y de los cuadros raídos y mal colgados, se siente, no se sabe porqué, a gusto.
Tiene todo lo que hacía falta para pensar, pintar, morar: un estudio grande, bien iluminado por un gran ventanal, rincones para descansar con un par de sillones alrededor de una lámpara de pie, estanterías cargadas de libros que han sido leídos, y una sencilla escalera de caracol, sin alardes constructivos ni formales, perfecta, enroscándose, delimitada por una barandilla admirable en su sencillez, a contraluz ante una composición en damero de huecos enmarcados y acristalados.
Se trata, hoy, de un edificio público, aunque cerrado y olvidado. Pero quizá sea mejor que no se abra casi nunca, no fuera que el ruido exterior, dada la fragilidad del espíritu que alberga, desvaneciera su tesoro más valioso: un meditado y callado silencio.

Agradecimientos al arquitecto municipal de Tossa de Mar, Gustavo Alcaraz, por esta inesperada y singular visita.

Algunas obras de Oskar Zügel (1882-1968 -un pintor a quien los nazis quemaron la obra en Stuttgart y saquearon el estudio en 1933-1934, de donde tuvo que huir a Tossa de Mar, que abandonó para emigrar a Argentina cuando la Guerra Civil, antes de regresar a mediados de los años cincuenta) en colecciones internacionales:












viernes, 22 de agosto de 2014

KARL OTTO BOELITZ HERF (1905-1968): INTERIOR DE CA L´ACERBI (TOSSA DE MAR, 1940-1945)



































Agradecimientos a la alcaldesa de Tossa de Mar, Dª Gisela Saladich, y al arquitecto Marc Manzano, estudioso de la casa, por todos los datos suministrados y, sobre todo, al arquitecto municipal Gonzalo Alcaraz, por su amabilidad, disponibilidad  y facilidades concedidas para la visita.

Ocupada ilegalmente durante unos años desde que el último propietario vendió la finca en 2000, saqueada varias veces, dañada intencionadamente, con grietas preocupantes -aunque estructuralmente aún sólida-, y problemas de humedad puntuales, abandonada por el departamento de Cultura de Generalitat de Catalunya que no dispondría de ciento veinte mil euros para su restauración -un presupuesto cuatro veces inferior a ciertos actos recientes patrióticos-, catalogada, en cambio, como Bien Cultural Local por el Ayuntamiento de Tossa, con varios arquitectos de Tossa o relacionados con esta villa preocupados por la integridad de la casa y del jardín y promotores de cuantas iniciativas puedan emprenderse para salvar la Casa Acerbi, de 1940, éste solo se podría restaurar con fondos privados (a cambio, sin embargo, de un uso en parte también privado).  
La casa a cuatro vientos, con dos entradas (principal, en la fachada delantera, y de servicio, en la posterior), comprende dos plantas. La planta baja acoge dos estancias, de plantas rectangular (proporcionada según la sección aúrea) -con una sencilla y modulada chimenea baja empotrada en el muro-, y cuadrada, articuladas por un espacio abierto de planta circular que actúa de gozne, enlosadas con piezas cerámicas dispuestas en diagonal, de manera que las juntas recorren los tres espacios unidos y apuntan a la escalera principal, situada a un lado; el acceso al núcleo de dicha escalera; cocina y áreas de servicio; estando los dormitorios y baño en la planta superior cubierta por una terraza a la que desemboca la escalera que organiza volumétricamente y en planta todo el edificio aterrazado. Este núcleo, recorrido por una escalera de caracol, se ilumina por una ventana vertical continua hecha de "pavés" alemanes en perfecto estado.
La planta baja dispone de calefacción, integrada en los muros. La carpintería original, así como el despiece de la puerta de entrada, es o era de hierro pintado.
La casa, un ejemplo único en Cataluña, necesita una intervención urgente, imposible de acometer en estos momentos.
Tan solo sirve como caseta para los propietarios y empleados del parking privado circundante.