lunes, 25 de mayo de 2015

Centro cultural Monumental

¿Qué es un centro cultural? ¿Un espacio expositivo, "creativo" -con talleres para artistas, por ejemplo, y/o salas para cursos, seminarios y prácticas-, una biblioteca, un archivo? o ¿una expresión políticamente correcta? La cultura vende
Barcelona tiene un Museo -Museo Nacional de Arte de Cataluña- con un presupuesto tan exiguo que no puede organizar ni siquiera pequeñas exposiciones con obras procedentes de colecciones fuera de Barcelona; un Museo de Arqueología -el mejor museo de Barcelona, y un museo admirable-, abandonado a su suerte; dos museos -Cerámica (el segundo mejor de Europa), y Artes Decorativas- clausurados; Un nuevo museo de etnología internacional (con una museografía admirable), sin presupuesto;  centros para la creación joven que apenas sobreviven -pese a excelentes exposiciones-; un costosísimo centro cultural -el Born- convertido en espacio para bodas y banquetes, tras los fastos que lo crearon; un museo de arte contemporáneo con un presupuesto para compras anuales que no permiten ni siquiera adquirir una obra modesta de un artista desconocido; un museo de etnología desmantelado; fundaciones de arte privadas -con misérrimas ayudas públicas- que cierran o vegetan, una biblioteca nacional con exiguos presupuestos; una biblioteca municipal no nata, etc...
La plaza de toros Monumental ha cerrado. ¿Qué hacer? Lo mismo que con el Canódromo: convertirla en una nuevo centro de arte público (pese a ser de titularidad privada,, pese a ser un foso a cielo abierto cuya cubrición costaría nadie sabe cuánto); uno más. ¿Qué ocurrió con el centro de arte del o en el Canódromo? Tras una laboriosa restauración y adaptación a un nuevo uso, tras haber pagado el sueldo a un director, durante un año, inútilmente -pues el centro no existía, pese a la voluntad del director-, el centro ha quedado olvidado por una decisión política.
Cuando no se sabe qué hacer con edificios desocupados, se anuncio su conversión en un centro cultural. ¿Es necesario, viable, hay presupuesto, existen colecciones -si se piensa en un archivo, biblioteca o museo-? ¡Qué preguntas!
¿Quién osaría oponerse a la cultura? Cuando no se sabe qué hacer, se desenfunda la cultura. Y que sea lo que dios quiera; pues los poderes públicos (inauguran, luego...).

SERGIO ÁLVAREZ TEJERO: HAMBURGO (2015)



 Melodrama que evita la lágrima fácil

sábado, 23 de mayo de 2015

ANDRÉ KERTÉSZ (1894-1985): DEFORMACIONES (DISTORTIONS, 1932-1933)





















































Los museos de arte moderno, cuando abordan el arte surrealista, no suelen mostrar la serie fotográfica, titulada Distorsiones o Deformaciones que el fotógrafo húngaro Kertész, de nuevo de actualidad gracias a una serie de exposiciones antológicas, realizó en paris en los años 1932 y 1933.
Esta serie se asemeja a las anamorfosis fotográficas de Salvador Dalí, la serie de dibujos, grabados y pinturas que Picasso realizó en Dinard a finales de los años veinte y, en general, las formas blandas surrealistas, de las que se inspira pero a las que también alentó.
Esta serie reproduce los reflejos en espejos deformantes de una pareja de modelos.
En ella, Kertész da razón a Platón cuando consideraba que los espejos deformaban la realidad -que, para Platón, no era la que nos envolvía, sino la que moraba en lo alto y emana de allí, el mundo de las formas (ideales). Pero Platón no consideró que esas formas, esos seres deformes tenían cabida en el mundo o, mejor dicho, constituían un mundo paralelo.
Seres y enseres deformes. El calificativo solo se aplica y tiene sentido si se tiene el mundo de las formas "conformes" en mente. En este caso, el mundo en o tras el espejo sufre por comparación con el que se halla ante el espejo. Pero si éste se olvida, el universo que el espejo revela aparece desconocido y tan o tan poco fascinante como el mundo habitual. Mundo desconocido, y alejado, que el espejo nos acerca.
Contrariamente al mundo de Alicia, que Lewis Carroll describiera -y que sin duda marcó el arte  surrealista-, lo que Kertész muestra no tiene parangón con el mundo de cada día. Pronto, uno cesa de tratar de reconocer formas -miembros, cuerpos- y posiciones en el espacio, para aceptar la existencia de cuerpos singulares autónomos, que escapan a nuestros esquemas habituales, y a nuestros gustos. Cuerpos que, quizá, nos hagan ver, por comparación, la deformidad  de las formas terrenales que hasta entonces habíamos juzgado perfectas.