martes, 31 de agosto de 2010

Crónicas de las Indias occidentales: Caral y el origen de la arquitectura precolombina

Carretera Panamericana que bordea el Pacífico.





Valle del Supe. Sobre la altiplanicie desértica, a salvo de la crecida del río (seco en invierno), se asientan numerosas poblaciones antiguas, entre éstas, la ciudad de Caral.


Restos de un barrio residencial. Distintos niveles de construcción. En el centro de la imagen anterior, restos de una primitiva construcción con delgados muros de cañizo cubiertos de adobe.



Santuario, con plaza circular ante la fachada, donde se halló un gran número de flautas.



















A la derecha de la carretera Panamericana que bordea el océano Pacífico, envuelta en una densa niebla, una estrecha pista de piedra y polvo se adentra en un valle que se abre lentamente, entre áridas montañas, a medida que se avanza. La niebla se deshace. Tras dejar atrás montes pelados, el camino sigue recto entre campos bien cultivados, a lado y lado de un río, mientras los montes del fondo se alejan, y el desierto, pedregoso y arenoso a la vez, se descubre.

La senda gira a la derecha y se interrumpe ante el cauce seco de un río, cubierto de cantos rodados. El vehículo no puede vadear.

Un inseguro puente peatonal conduce a la otra orilla. Bajo un sol inclemente (contra el que lucha el aire frío), un camino recto, paralelo al torrente, asciende entre rocas aceradas. Da un giro a la izquierda, asciende aún más, y desemboca en la planicie del desierto, invadido de luz. Sucesivos planos de altas montañas , cada vez más desdibujadas y azules, que lo delimitan apenas se distinguen en la reverberación y la calicha. Forman un gran cuenco, un vacío en el que, de pronto, se divisan a lo lejos ocho pirámides desperdigadas, y colinas que despuntan (y que, sin duda, recubren nuevas pirámides aún no desenterradas).

Hemos entrado en las ruinas de Caral. Las excavaciones se iniciaron en 1996. La financiación llegó seis años más tarde. Ya han puesto al descubierto la llamada área sagrada, constituida por pirámides y santuarios que delimitan una extensísima plaza central. Y han cambiado la historia mundial de la arquitectura.

Hasta el año 2003 se pensaba que la cultura urbana en América se remontaba a mediados del segundo milenio antes de Cristo (1500 aC).
La ciudad de Caral está fechada en 3000 aC. Duró mil años. Hace cinco mil años, una población desconocida, de cuyas creencias nada se sabe, levantaron una "ciudad" que ocupa todo un valle desértico, con una superficie centenares de hectáreas -no se puede prácticamente andar de un punto a otro dadas las distancias-, poblada tan solo por unas dos mil personas, y que formaba parte de un reguero de una veintena de poblaciones menores, todas ubicadas en el valle, de las que se están excavando siete.

Aún no conocían el arte de la cerámica. El yacimiento ha podido datarse gracias al sinnúmero de ofrendas: conchas, pescados, frutos, y niños -fallecidos por muerte natural y ofrendados a una desconocida divinidad, o narcotizados y emparedados o enterrados en la base de las pirámides-.

Las pirámides no son tales (como también ocurre en toda la franja costera del norte de Perú, con independencia de las culturas y las épocas). No fueron concebidas como pirámides, sino como bases tronco-piramidales, en cuya base superior se disponía algún tipo de espacio cubierto -con techos y pilares de madera y juncos-, las cuales, de tanto en tanto eran cuidadosamente enterradas, sobre las que se levantaron nuevas bases que reemplazaban las que habían sido neutralizadas pero que también fueron también enterradas cuando su sacralidad disminuía. De este modo, se obtienen, a lo largo de los siglos, formas piramidales escalonadas, cuya fachada principal está recorrida por una amplia escalinata.

Se desconoce la función de las pirámides. No eran necesariamente templos, ya que éstos no tienen siempre una forma piramidal. Quizá fueran observatorios celestiales. O escenografías monumentales ante las que se reunían asambleas de notables o sacerdotes, presididas por un soberano, o tronos monumentales que lo aureolaban.
Ante las pirámides se abren espacios circulares delimitados por un muro bajo contra el cual se adosan bancos corridos de piedra, espacios similares a los que preceden los templos, si bien en estos casos, el gran número de flautas de hueso y de caña hallado tendería a probar que se habrían llevado a cabo rituales en los que la música jugaba un papel fundamental, acciones, de carácter tanto sagrado cuando político, quizá distintas a las que los sabios y los sacerdotes ejecutaban ante las pirámides.

Las principales construcciones monumentales están hechas de piedra. Los muros perimetrales contienen un relleno insólito: no es tierra ni arena, sino que está compuesto por bolsas tensadas tejidas con fibras (bien conservadas dado el clima desértico), de unos cuarenta centímetros de diámetro, que envuelven cantos de río. De este modo, las sacudidas de los terremotos eran perfectamente absorbidas por el juego de los cantos rodados que, por otra parte, no se aplastaban.
Un enlucido de barro, con pigmentos negros, blancos y rojos, recubría los paramentos exteriores.
Las pirámides se ubican alrededor de una gran plaza central. La forma resultante recuerda el vacío del desierto bordeado por las montañas de forma piramidal. En el centro de la plaza, un monolito de unos tres metros de altura (hoy aún erguido pero parcialmente enterrado), permite trazar líneas perpendiculares a las fachadas escalonadas de las pirámides y quizá constituya un reloj solar.

Se ha hallado un barrio residencial a un lado de la plaza central. Viviendas de notables, construidas en piedra, y casas modestas, de cañas y barro. Durante el milenio de vida de la ciudad, las casas fueron reconstruidas un sinnúmero de veces. Las más antiguas eran exclusivamente de fibras vegetales tejidas y de tierra, una estructura de cañas y un recubrimiento vegetal trenzado y una fina capa de adobe (algunos estudiosos creen que Caral es una antigua palabra quechua que significaría junco). Las viviendas eran reconstruidas cada veinticinco años.

La ciudad, al igual que el resto de las poblaciones del valle del Supe, fue levantada en la plataforma desértica que mira al valle. Los cultivos se hallaban cerca, al igual que el agua, mas la ciudad carecía de pozos y fuentes. No existían canales, sino que el agua era transportada en cuencos elaborados con calabazas partidas por la mitad.

La planificación, construcción y mantenimiento de las ciudades del valle exigía el trabajo colectivo de todos los moradores (hombres, mujeres y niños), lo que necesitaba de un gobierno fuerte, eficaz y previsor. Cada ciudad ponía al servicio de las demás toda su población. El valle tenía que ser entendido como un territorio continuo, no como un espacio fragmentado en feudos enfrentados.

La planificación y las técnicas constructivas empleadas en la fundación de Caral, hace más de cinco mil años, no estaban en sus inicios. No se trata de acciones tímidas ni inseguras. Por el contrario, revelan un pleno dominio de la técnica y del control y organización del espacio. Cuando Caral fue fundada en 3100 aC, sus habitantes estaban adiestrados en técnicas capaces de levantar bloques de treinta metros de alto, que resistían las embestidas de los terremotos con una eficacia que hoy requiere unas técnicas casi inalcanzables en Perú hoy. Eso significa (como ya ocurriera en Mesopotamia cuando la súbita aparición de ciudades perfectamente delineadas y levantadas), que posiblemente se hallen en el futuro ciudades o poblaciones aún más antiguas, que denoten un progresivo dominio de los medios necesarios para proyectar y construir.

Las excavaciones en Caral, que prosiguen, solo han descubierto una parte de la ciudad, sin duda la más monumental. Pero bajo el extenso desierto que envuelve las pirámides se extiende sin duda los barrios residenciales, comerciales y artesanos.

La cultura de Caral, al igual que el resto de las culturas precolombinas peruanas, incluida la tan tardía inca, nunca será plenamente comprendida. Carece de escritura. La iconografía es escasa (algunas figuras que aún se estudian). Por tanto, nunca se sabrá a fe cierta la función de este gran asentamiento ceremonial y cívico.

Pero lo que parece cada vez más evidente es que la cultura urbana surgió en el cuatro milenio, si bien no solo en Egipto y Mesopotamia. Antes de los inicios de la primera dinastía faraónica y el despegue de la cultura sumeria, en el valle del Supe y, sin duda, en otros fértiles valles que unen los Andes con el océano (como en Ventarrón y en Huaca Prieta), se desarrolló una intensa cultura urbana de la que casi nada se sabe, pues los restos carecen de textos que ayuden a interpretarlos.

(Fotos: Tocho)

2 comentarios:

  1. es uan maravilla una ciudad de piramides en pleno desierto yo he estado alli y se siente raro el silencio de la ciudad es como si te sintieras entre dos mundos es una sensacion extraña eso irradia

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    1. En efecto, lo recuerdo como el yacimiento arqueológico que más me ha impresionado. No sabía nada, no esperaba nada.
      Quedé estupefacto.
      Y no había nadie. solo las pirámides en medio de la desértica planicie, pero con un valle fértil a los pies.

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