jueves, 11 de mayo de 2017

Alumno

Se acerca el fin de curso. Los alumnos deben de ser evaluados. El profesor debe apreciar qué han aprendido -qué han tomado- y cómo han progresado -han crecido.

Los padres tienen hijos; los profesores -sean o no padres-, alumnos. Un alumno es como un hijo. Su formación -su crecimiento espiritual o moral- depende del buen hacer del profesor -y del talante del alumno-, de la relación o comunicación que se establece entre ambos.

La equiparación entre un hijo y un alumno no es gratuita. En latín, alumnus -de donde procede la moderna palabra de alumno- es un hijo, o un niño alimentado desde pequeño por un mismo adulto. Literalmente, es un lactante, un bebé que toma directamente el pecho de quien le cuida, de quien le hace de madre.

Sócrates educaba a los jóvenes (aunque fue acusado de pervertirlos, porque les ayudaba a pensar por sí mismos, a hallar, dentro de sí, respuestas a las preguntas que les hacía, que la vida les planteaba o les plantearía). Sócrates se comparaba con una comadrona que cuidaba, que alimentaba a sus discípulos.

Un alumno es una persona bien alimentada. Esta definición no es una metáfora. El verbo latín alere -que ha dado alumnus- significa alimentar (desde el nacimiento). También se traduce por desarrollar.

Lo que el alumno recibe del maestro es un alimento almus: nutricio, benéfico, maternal. El alma, etimológicamente, es la cualidad de lo que nos mantiene en vida, lo que nos alimenta o eleva -física y espiritualmente. El alma es femenina: es el don de la diosa-madre que cuida a sus criaturas desde que nacen.

Gracias a los beneficios almi (plural masculino de almus) que el maestro proporciona el alumno crece: se vuelve altus (altus es participio del verbo alere). El alimento -material, "anímico"- es un sustento. Gracias a éste, el alumno se endereza. Aprende a caminar recto, a ser recto; a tener pensamientos rectos. A comportarse rectamente. Se eleva por encima de las inmundicias materiales. Gana en altura y en profundidad (altus también significa profundo). Tiene, pues, una visión más clara de los problemas vitales y morales con los que se enfrenta. Obtiene altura de miras. Las mezquindades no pueden afectarle. Está en una posición demasiado elevada para que las maledicencias le cubran.

Está, entonces, presto para enderezar su vida y partir, con la cabeza bien alta.  

Y un día, los alumnos, a su vez...

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